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Jun 02

La fiebre por lo retro en los videojuegos

Las cosas cambian. Antes jugar a la consola era un pasatiempo de adolescentes. Ahora hay que tener una cuenta algo saneada si queremos hacernos con el último dispositivo de videojuegos del mercado y los juegos que van con él (que no sirven para las videoconsolas de otras marcas o modelos anteriores). De hecho los juegos ahora son algo muy digital. Con nuestro móvil Android tenemos a nuestro alcance cantidad de appas y de juegos que nos pueden divertir mucho y durante mucho rato.

 

Antes decir “máquinas recreativas” inmediatamente nos hacía pensar en esas tardes de sábado con amigos en los arcade, donde la paga de la semana se iba en matar marcianitos y machacar a las más variadas especies de animales con pocos píxeles de definición, eso sí. Era algo más naïf, más amateur, pero con mucho encanto.

Ahora decir “máquinas recreativas” nos hace pensar en las máquinas de bar, esas que empresas como Jomesa operan para que a cambio de una moneda podamos tener un rato de diversión y la opción de ganar un premio a menudo en metálico (ventajas de hacerse mayor, ¿no?).

Cuando estábamos en la década de los ochenta y de los noventa el premio máximo era darle una paliza a tus amigos en cualquier juego y no hacía falta nada más. Ese orgullo servía para toda la semana, hasta que el sábado siguiente la pandilla se volviera a juntar para otra tarde mágica de recreativos.

Pues bien, esos niños han crecido y ahora tienen nostalgia y cierto capital, cosa que los convierte en perfectos coleccionistas de viejas máquina de arcade. Es el caso del valenciano José Litarte.

De profesión es jardinero. Por ocio colecciona máquinas de recreativos. Por afición ha ido juntando arcades y arcades hasta juntar unos cincuenta. ¿Y qué hacer con ellos? Pues en un local vacío de propiedad familiar ha decidido montar un local réplica de aquellos de arcade tan populares en los ochenta y los noventa. Y funcionan a la perfección, aunque no tiene en mente abrirlos al público porque las máquinas no dejan de ser viejas (quizás no aguantarían tanto trote) y en especial porque lo de los arcade lo quiere conservar como un hobby, no quiere que se convierta en su nueva ocupación profesional.

 

Para poder mantener ese local y afrontar el mantenimiento que requieren las máquinas ha creado una asociación (Asociación Cultural Arcade Vintage) y un total de 20 socios comparten la pasión por los juegos clásicos. Eso sí, si hay alguien que pasa por Valencia, no es socio y se muere de ganas de matar unos cuantos marcianitos, le hacen socio por un día y por diez euros puede jugar todo lo que quiera por unas horas, con las bebidas incluídas.

 

El caso de José Litarte es sólo una muestra de la pasión que lo clásico, lo retro, levanta hoy en día.

 

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